miércoles, 8 de julio de 2009

Una vida en papel

Ayer terminé de depurar y acomodar el archivo que era de mi padre. Han sido dos exhaustivas semanas de revisar papeles y documentos, que a grandes rasgos, desde la óptica de los distintos registros consultados, construyen su biografía.

Había postergado por 4 años el enfrentarme a esta compleja empresa; aunque me sabía atado a un compromiso que no me seducía cumplirlo este era inevitable. Yo tenía claro que mientras no lo hiciera, sería un freno mental que limitaría una parte de mi libre andar por el mundo.


Sólo hurgaba entre los folders y sobres si era inminente encontrar algún papel; y en esta ocasión así fue: la necesidad de encontrar un documento para que con este, un trámite pudiera seguir, me obligó a echarme un clavado, de nuevo, en esa perturbadora pila de papeles. La molestia de hacerlo me dio el valor para que de una vez por todas atravesara ese marasmo que me producía involucrarme en dar orden a ese caos que mi papá ya no pudo manejar.


Motivos tuve muchos durante este tiempo para evitar hacerlo: no perder algún papel que en un futuro hiciera falta, la sensación de estar desapareciendo y mandando al olvido a mi padre, la pereza que me daba contribuir con mi tiempo, paciencia y claridad mental para estar leyendo y discriminando material de diversos orígenes o el no querer encontrar lo que sabía que estaba allí.


Fue armar un rompecabezas de miles de piezas, respirar polvo de hace muchos años que ahora se avivaba y hasta cortarme los dedos de las manos con los materiales que manipulaba: grapas añejas, papeles de distintos gramajes y filos, clips oxidados y tijeras.


Estuve horas sentado en la alfombra –con un bote de basura a un lado y en el otro, una caja- moviendo como tallador de cartas documentos que iban de un lado a otro, acomodados por tema y fecha. Para facilitar mi concentración recurrí a escuchar todo lo que tengo de Pink Floyd (12 discos), de Dead Can Dance (8 discos) y de The Cure (9 discos) y en ese estado de meditación profunda que me generan, evitar las distracciones mundanas.


Mientras estaba trabajando en esto, paraba únicamente para comer o para ver algunos programas de comedia de la BBC Entertainment (My Family, Not Going Out, Coupling) porque sabía que en el momento que perdiera el aliento y me saturara iba a dejar postergado –de nuevo- el acomodo de una vida que ahora eran dos: la que fue suya y la que es mía.


Empecé por lo más fácil: todos los recibos, de cualquier índole, anteriores al 2007 los encaminé directo al valle del reciclaje y lo que sobreviviera a eso lo pasé por el filtro de la utilidad y de allí a un sobre o folder con los demás de su especie. Lo que murió aquí fueron, sobretodo, cuestiones de bancos, de promociones varias y recibos de servicios empleados.


Estos primeros días de trabajo me sirvieron como un calentamiento necesario y a su vez para allanar el camino de lo que vendría -también para llenar mi primera caja de papel discriminado-.


Terminado esto por fin inicié el viaje por los distintos tiempos de la microhistoria paterna y de manera paralela ello me llevó a volver al corazón.


Primera Parte

2 comentarios:

Leila Sand dijo...

Qué cantidad de sentimientos han despertado todos tus sentimientos en mí...me he sentido involucrada en mi propia historia, que a veces, es la historia de muchos.

También yo he roto papeles, algunos de ellos rompían algo de mi misma, pero lo que me ha parecido más bonito, y quizás no tenga demasiada importancia, es que a veces, personas distintas,de países distintos y que pierden seres absolutamente distintos, sean capaces de sentir lo mismo.

Me ha emocionado mucho leerte.

Uno beso para ti y los tuyos

Unknown dijo...

Rafa.. qué fuerte esto que cuentas pero qué bueno que te animaste finalmente a hacerlo. Te mando un abrazo laaargo.