miércoles, 15 de julio de 2009

Una vida en papel 2

En el camino de vuelta encontré a un lado de una foto en blanco y negro de mi papá, vestido como cadete de la Escuela Naval, el programa de los festejos de los 45 años tras haber ingresado a la HENM (Heroica Escuela Naval Militar) a los cuales ya no pudo asistir pues se encontraba muy enfermo. La foto va para un cajón y el programa a un folder.


Continuaba con la depuración y surgían de distintos sobres actas, y actas y muchas actas; en originales, en fotocopias, actas de: nacimiento en Tlaxcala, de matrimonio en Guadalajara, de defunción en el Distrito Federal… Somera descripción de la vida de todo ser humano en tres actas y actos.


Sigo avanzando cada vez más rápido y ahora me encuentro con la época universitaria, al abrir el directorio de los compañeros de la emblemática generación del 68 de la ESIME del IPN. Mi papá estudiaba el último semestre de la carrera cuando ocurre la matanza de estudiantes en 1968 y de la cual se salvó porque un amigo no pasó por él para ir a la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Se tituló como Ingeniero en Telecomunicaciones y Electrónica muchos años después, el 30 de abril de 1987; mi mamá, mi hermana y yo estuvimos ahí.


Navego conforme los papeles me llevan y me topo con documentos de hospital que datan de cuando nacimos mis hermanas y yo, intercalados con cartas de felicitaciones por las promociones alcanzadas por mi padre dentro de Teléfonos de México, empresa a la que dedicó su vida profesional.


Entro en un torbellino y de pronto la historia se va mucho más atrás y como en fractal aparecen credenciales, documentos de las empresas donde laboró, gastos funerarios, invitaciones de su bautizo y actas de nacimiento de: mi abuelo, el padre de mi padre. Contemplo la reconstrucción de otra vida por medio de sus papeles.


Regreso del pasado lejano a uno más cercano para poner en orden los registros del Seguro Social, -ahí aparecemos todos dados de alta en la institución, con nuestros respectivos carnets y fotografías-, los del Registro Federal de Contribuyentes, los recibos de la pensión y como siempre, los insalvables pagos del Impuesto sobre la Renta; te puedes salvar de todo menos de los impuestos, ni la muerte es, quizá, tan implacable como la Secretaría de Hacienda.


Después de cruzar por aquellos terrenos tenebrosos de los impuestos, ahora se aglutinan los papeles que validan la propiedad de ciertas posesiones materiales: autos, muebles, aparatos electrodomésticos, etc. En paquetes grandes se presentan recibos de pago, vestigios de los distintos lugares donde hemos habitado, del club Deportivo de la Armada de México donde hacíamos deporte y de colegiaturas que reiteran la inversión hecha a mis hermanas y a mí.


Después del largo viaje por las distintas islas de las vivencias, llegué a la penúltima isla antes de atracar en puerto fijo, esta me tenía preparada una prueba donde me mostraría que las cosas no se quedan atrás y que para superarlas únicamente hay un camino: afrontarlas. Ese fue el día más difícil de toda esta jornada, los archivos médicos eran lo siguiente a limpiar. Todo ese día recreé los últimos meses de vida de mi padre. Al volver al hospital en la mente, las sensaciones se volvían vívidas. Mi padre ingresaba y era dado de alta en cada una de las distintas ocasiones que lo hizo, hasta llegar al último ingreso del que ya no salió con vida. Terminé con un sofoco y las recetas, diagnósticos y análisis partieron de aquí junto con su energía estancada y corrupta.


Ya viendo por fin, cada vez más cerca, la tierra prometida, en mi último día embarcado en esta proeza, encontré los itinerarios de viajes por el mundo que mi papá realizó en barco gracias a la Armada de México. A la par aparecieron manuales con detalles sobre el tráfico de llamadas telefónicas previstas por las centrales de Ericsson, todo esto del periodo de cuando estuvo viviendo en Estocolmo -esto sirvió para que él después realizara en México el cambió de las centrales telefónicas manejadas por operadoras por las centrales automáticas-. Cansado física, mental y emocionalmente, guardo el último folder en el archivero y tiro lo caduco en cajas para así terminar este viaje de reencuentro con la semilla y seguir con otro viaje –el mío- que navega en el presente.




P.D. Ahora voy a depurar mi archivo para –en la medida de lo posible- adelantarles la tarea a los que se van a quedar después de que me vaya.

miércoles, 8 de julio de 2009

Una vida en papel

Ayer terminé de depurar y acomodar el archivo que era de mi padre. Han sido dos exhaustivas semanas de revisar papeles y documentos, que a grandes rasgos, desde la óptica de los distintos registros consultados, construyen su biografía.

Había postergado por 4 años el enfrentarme a esta compleja empresa; aunque me sabía atado a un compromiso que no me seducía cumplirlo este era inevitable. Yo tenía claro que mientras no lo hiciera, sería un freno mental que limitaría una parte de mi libre andar por el mundo.


Sólo hurgaba entre los folders y sobres si era inminente encontrar algún papel; y en esta ocasión así fue: la necesidad de encontrar un documento para que con este, un trámite pudiera seguir, me obligó a echarme un clavado, de nuevo, en esa perturbadora pila de papeles. La molestia de hacerlo me dio el valor para que de una vez por todas atravesara ese marasmo que me producía involucrarme en dar orden a ese caos que mi papá ya no pudo manejar.


Motivos tuve muchos durante este tiempo para evitar hacerlo: no perder algún papel que en un futuro hiciera falta, la sensación de estar desapareciendo y mandando al olvido a mi padre, la pereza que me daba contribuir con mi tiempo, paciencia y claridad mental para estar leyendo y discriminando material de diversos orígenes o el no querer encontrar lo que sabía que estaba allí.


Fue armar un rompecabezas de miles de piezas, respirar polvo de hace muchos años que ahora se avivaba y hasta cortarme los dedos de las manos con los materiales que manipulaba: grapas añejas, papeles de distintos gramajes y filos, clips oxidados y tijeras.


Estuve horas sentado en la alfombra –con un bote de basura a un lado y en el otro, una caja- moviendo como tallador de cartas documentos que iban de un lado a otro, acomodados por tema y fecha. Para facilitar mi concentración recurrí a escuchar todo lo que tengo de Pink Floyd (12 discos), de Dead Can Dance (8 discos) y de The Cure (9 discos) y en ese estado de meditación profunda que me generan, evitar las distracciones mundanas.


Mientras estaba trabajando en esto, paraba únicamente para comer o para ver algunos programas de comedia de la BBC Entertainment (My Family, Not Going Out, Coupling) porque sabía que en el momento que perdiera el aliento y me saturara iba a dejar postergado –de nuevo- el acomodo de una vida que ahora eran dos: la que fue suya y la que es mía.


Empecé por lo más fácil: todos los recibos, de cualquier índole, anteriores al 2007 los encaminé directo al valle del reciclaje y lo que sobreviviera a eso lo pasé por el filtro de la utilidad y de allí a un sobre o folder con los demás de su especie. Lo que murió aquí fueron, sobretodo, cuestiones de bancos, de promociones varias y recibos de servicios empleados.


Estos primeros días de trabajo me sirvieron como un calentamiento necesario y a su vez para allanar el camino de lo que vendría -también para llenar mi primera caja de papel discriminado-.


Terminado esto por fin inicié el viaje por los distintos tiempos de la microhistoria paterna y de manera paralela ello me llevó a volver al corazón.


Primera Parte

miércoles, 1 de julio de 2009

23 razones para anular el voto



Por fin llega este fin de semana la fecha marcada para las elecciones. Desde mi particular punto de vista, el 5 de julio puede ser un día que marque, de manera política, la disensión entre la ciudadanía (plural) y la partidocracia (cleptocracia).

El primer paso a ejecutar es anular nuestro voto; ya después de que emitamos este mandato popular, al salir de cada casilla, la acción continuará, pues nos toca ser consecuentes con la orden que le hemos lanzado al gobierno: trabajaremos en organizarnos socialmente, ya que este malestar no lo podemos dejar como una anécdota más de “la incipiente democracia mexicana”.

Tomaremos la plaza pública y ejerceremos como ciudadanos la observación de las acciones del gobierno y lo obligaremos al cumplimiento de los mandamientos exigidos.

Sólo me queda invitarlos a ir a votar, hagámoslo empoderados por la razón, ejerzamos este derecho y obligación, y con él, al anular nuestro voto, exijamos el país que realmente queremos para no aceptar nunca más las sobras que nos “hacen el favor de darnos”.

Denise Dresser publicó en la revista Proceso estas 23 razones por las cuales, dentro de las opciones reales que tenemos, es mejor anular el voto este domingo 5 de julio de 2009. Replico su texto.

Porque:
1. Los votos convencionales construirán gobiernos estatales, ayuntamientos, Congresos locales, Jefaturas Delegacionales, Asamblea Legislativa y una Cámara de Diputados que no tendrán el menor incentivo para rendir cuentas.


2. Los votos nulos cuentan como mecanismo de protesta, sobre todo si se levanta una encuesta de salida –como ha sugerido Federico Reyes Heroles– en la cual se puedan enlistar los motivos de la insatisfacción.


3. Los sufragios cuentan desde hace muy poco, en efecto, pero esa no es razón suficiente para argumentar que el sistema electoral no puede ser mejorado usando la anulación como forma de presión. Sin duda, es mejor que los votos cuenten, porque en el pasado no era así, pero sería mejor aún que lograran producir una representación real que actualmente no existe y que la anulación busca impulsar.


4. Existen diferentes opciones, pero las diferencias ideológicas entre los partidos –a la hora de gobernar– suelen sucumbir ante la presión de los poderes fácticos, como ocurrió con la Ley Televisa, la ley de “acciones colectivas”, la iniciativa para aumentar las multas que puede cobrar la Comisión Federal de Competencia, la reforma energética que dejó sin tocar al sindicato de Pemex y tantas más.


5. Es una falacia que los partidos se diferencien notablemente a la hora de llegar al poder, sobre todo cuando la priización –el clientelismo, el corporativismo y la impunidad– afecta a todos.


6. Resulta una elaboración intelectual insostenible argumentar que la democracia electoral mexicana merece ser defendida sin las modificaciones sustanciales que aseguren la representación y la rendición de cuentas.


7. La derivación política de esa construcción intelectual recuerda a los discursos priistas en defensa de la “democracia a la mexicana”, que se reducía a la simple rotación de élites dentro del PRI. Ahora otros partidos participan en la rotación y el mecanismo se ha vuelto más competitivo, pero la falta de representación real, fundacional, persiste debido a la inexistencia de la reelección.


8. La anulación cuenta como un instrumento válido para sacudir, presionar, exigir, y empujar a la profundización democrática que los partidos tanto resisten.


9. La anulación y el voto independiente son formas de participación que se diferencian de la abstención.


10. La anulación se alimenta del humor público ante la persistencia de una democracia mal armada que funciona muy bien para sus partidos, pero que funciona muy mal para sus ciudadanos.


11. El voto nulo tendrá tantas vertientes y pulsiones como el voto “normal”; habrá quienes anularán su voto para exigir las candidaturas ciudadanas y quienes votarán por el PRI en busca de “agua y paz”, la promesa difusa de Fausto Zapata en el Distrito Federal.


12. El voto nulo expresará –en efecto– hartazgo, desencanto y malestar: el primer paso para diagnosticar lo que le falta a la democracia mexicana e impulsar los cambios indispensables.


13. El movimiento nacional en favor del voto nulo sin duda necesita articular una plataforma mínima de demandas consensuadas, que traduzcan el agravio en propuesta. Pero el agravio existe y es legítimo; basta con ver la última encuesta del periódico Reforma, en la cual el 79% de los encuestados cree que los partidos actúan siguiendo sus propios intereses. Sólo el 12% piensa que vigilan los intereses de los ciudadanos que representan.


14. Los padres y las madres del voto nulo sin duda tienen en común eso: malestar. Ese malestar que es componente fundamental de la democracia participativa, en la cual los ciudadanos se organizan para componer algo que no funciona o exigir derechos que han sido negados. Subestimar ese malestar es no entender la realidad del país.


15. Votar construye la punta del iceberg civilizatorio, pero anular el voto también lo hace. Constituye un acto de deliberación tan válido como el voto tradicional, y representa una forma de participación política pacífica, ciudadana, que bien encauzada puede contribuir a ampliar las libertades conquistadas durante las últimas décadas.


16. El mundo de la representación real aún no se logra en un país que no ata a los legisladores a las demandas y preocupaciones de los ciudadanos. Es cierto, hay más pluralidad política, pero eso no es suficiente. Y no queda claro que los ciudadanos puedan mejorar la democracia mexicana tan sólo votando, ya que las demandas pendientes son ignoradas por los partidos una vez que llegan al poder.


17. El voto ha sido un instrumento inmejorable para ampliar el ejercicio de las libertades. Pero no es el único instrumento. La política no puede ni debe depender exclusivamente de la votación por o la participación en un partido, aunque Felipe Calderón y otros crean que es así. Las democracias funcionales se nutren de muchas fuentes de participación que buscan precisamente obligar a los partidos a hacer suyas demandas que de otra manera ignorarían.


18. Y sí, los que llaman a anular el voto tendrán que organizarse más allá del 5 de julio, pero eso no significa que deberán hacerlo en un partido. Quienes sugieren eso demuestran una visión demasiado estrecha sobre el funcionamiento de la democracia.


19. El voto nulo tiene el tufo del desprecio, no a la política como actividad en sí, ya que el movimiento está haciendo política al convocar y organizar como lo hace. Lo que el voto nulo critica es la forma prevaleciente de hacer política partidista en México hoy.


20. El voto nulo no implica un acto de abandono de la plaza; de hecho, busca ocuparla en nombre de una ciudadanía a la cual se le han negado derechos que forman parte de las democracias exitosas del mundo; derechos como la capacidad de sancionar a un diputado y removerlo del poder; como las candidaturas ciudadanas, el plebiscito, el referéndum, y la revocación del mandato, entre otros.


21. Los preocupados por la vida política del país están obligados a generar diagnósticos y propuestas de reformas, fórmulas de organización, agendas que graviten sobre la toma de decisiones, mecanismos de rendición de cuentas. El problema es que los primeros en asumir esa responsabilidad deberían ser los partidos, pero no lo hacen. No tienen el menor incentivo para modificar la situación política actual. Y, precisamente por ello, el voto nulo está intentando crear una trama civil que eleve la presencia de las organizaciones y las propuestas que emergen de la sociedad.


22. Los propios partidos han incorporado a sus listas a ciudadanos no afiliados a ellos, pero eso no basta para modificar el andamiaje institucional, ni para permitir las candidaturas ciudadanas independientes que podrían airear al sistema.


23. Porque, como escribe Milan Kundera, “todo lo que es puede no ser”. Y ojalá lleguemos al momento en que lo que es deje de ser. Espero que un día nos encontremos con partidos obligados a representar ciudadanos, elecciones que sirvan para algo más que rotar élites o familiares, un Congreso plural que no se doblegue ante los poderes fácticos en cada negociación legislativa, una división de poderes real, y súmele usted…


Ahora bien, si usted quiere tachar la boleta en favor de un candidato en vez de anular su voto o de votar por “Esperanza Marchita”, hágalo. Está en su derecho. Piense, sin embargo, en que probablemente jamás volverá a ver al diputado por el cual votó porque –en este sistema democrático trunco y parcial– usted no le importa. Él o ella dirá que lo representa cuando en realidad no podrá hacerlo.

miércoles, 24 de junio de 2009

Sobre las izquierdas políticas mexicanas

Las izquierdas mexicanas no han aprendido a emplear el capital obtenido: el político, el económico y mucho menos el de Marx.

miércoles, 17 de junio de 2009

Sobre el amor 2

El amor, hoy en día, sólo vale como un accesorio más de ornato en la sofisticación social y cultural.

miércoles, 10 de junio de 2009

Sobre el amor

El amor es un concepto demasiado manoseado que se ha desgastado hasta perder su significado esencial y diluirse en un remedo de sí mismo.

miércoles, 3 de junio de 2009

Voto Blanco


El 5 de julio del 2009 habrá elecciones en México. La población, en general, transita a este término con repugnación, incredulidad y decepción en el Estado Mexicano por su infame desempeño y nulidad de resultados. Esta situación ha llevado a una inmensa mayoría de la población a decidir abstenerse de ir a votar (se manejan cifras que van del 50% al 80% de la población que se abstendría de ir a las casillas).


La abstención, a estos niveles porcentuales, es en extremo significativa, sin embargo no tiene un valor cualitativo; se da por descontado la irresponsabilidad de la sociedad que no cumple con sus derechos y obligaciones. Entonces qué hacer cuando aparece la disyuntiva de ¿cómo ser un ciudadano responsable que cumple con sus derechos y obligaciones y a su vez manifestar el descreimiento a las instituciones y del sistema que las valida?


Para mí particular punto de vista, yo encuentro una respuesta a esta disyuntiva y es: la anulación del voto (ahora se le ha denominado en los círculos de analistas políticos y en los medios de comunicación: el voto blanco).


El voto blanco no es abstencionismo ya que por medio de la anulación del sufragio, se manifiesta de manera muy concreta el desacuerdo en contra de las acciones del gobierno y de sus políticos. Esto representa una crítica muy severa y clara al circo electoral disfuncional que nos proporciona el sistema.


El voto blanco significa dar -en un sentido equitativo- lo mismo que se está recibiendo por parte del Gobierno, que es: ¡Nada! De antemano, en la boleta electoral, no hay ninguna opción viable de representatividad, por ende, el votante anula a los políticos, gobernantes, instituciones, sistema y estado –todos estos fallidos-. Sucede esto por una cuestión de reciprocidad al haber sido nulificado como ciudadano por los antes mencionados, situación totalmente ofensiva para sí y sus quebrantados derechos.


A esta nueva voz es importante darle un foco de atención, pues surge del hastío al no tener opciones reales para acceder a un modo de vida digno vía los mecanismos “democráticos”. Esta voz -clara y fuerte- se manifiesta en silencio, sinónimo de impotencia y agotamiento por haber sido ignorada en sus demandas básicas.


El descrédito de las Instituciones –labrado únicamente con sus hechos- da por resultado que la gente, de manera simbólica, les quite los poderes y atribuciones concedidos en las leyes por desmerecerlos.


Esta total desconfianza lleva a tomar al pueblo de México una acción inusitada, es así como surge, de manera espontánea, una cohesión social con un objetivo común: el ya no ser partícipe de la farsa “democrática” y por lo tanto, no permitir ser burlados de nuevo.


Cierto es que esta idea tiene un inconveniente innegable, pues los arribistas que están postulados para cargos públicos no serán vulnerados, ya que la legislación vigente los ampara y con un mínimo de votos van a acceder al cargo al cual aspiran; esto muy a pesar de que la inmensa mayoría, con su silencio, se haya hecho presente en su contra.


Por lo tanto, veremos una vez más que, con las urnas casi vacías de votos a los partido políticos y llenas de boletas anuladas, se impondrá la oligarquía con muchísimo menos legitimidad que hace tres años; sin embargo, a su vez, se habrá modificado nuestra realidad, ya que un gobierno abierta y completamente debilitado, sin ningún apoyo de la nación, tendrá que empezar a trabajar y a servir, por consiguiente, a la Patria que ahora se los demanda.


Si todo el “Sistema” llegara a hacer caso omiso de este mandato, entraríamos en una situación muy delicada, pues ya se han agotado todos los canales razonables para que el gobierno obedezca la voz de la nación y en consecuencia obligarían a que sucediera una acción más determinante que llevaría al desmantelamiento de este Estado Mexicano caduco e inoperante.


Yo los invito a que todos vayamos a las urnas este domingo 5 de julio del 2009 y anulemos nuestro voto, enviando al gobierno el recordatorio de que tienen un mandato irrevocable el cual están obligados a cumplir y es: gobernar obedeciendo al pueblo mexicano.



P.D. Busquemos un lema, para escribir en las boletas electorales, que puntualice que se está anulando el sufragio con el Voto Blanco.

Yo propongo:

Voto blanco al Estado nulo.


P.D.2 A los ojos miopes, esta acción pudiera significar únicamente indiferencia.