miércoles, 25 de marzo de 2009

Una hora para el mundo

Este sábado 28 de marzo de 2009 a las 8:30 p.m. se apagarán por una hora las luces de las principales ciudades del mundo, a razón de tomar acciones contra el Cambio Climático.


Los generadores de diesel de las Islas Chatham, Nueva Zelanda, dejarán de funcionar y dará inicio la Hora del Planeta 2009, el evento comunitario más grande que el mundo ha presenciado.


La WWF pide a individuos, empresas, gobiernos y organizaciones alrededor del mundo que apaguen sus luces durante una hora, La Hora del Planeta, para demostrar globalmente su preocupación por el cambio climático y demostrar su compromiso para encontrar soluciones.


El Zócalo de la Ciudad de México, incluyendo la Catedral y los edificios gubernamentales, lideran una serie de monumentos, edificios, museos, hoteles y universidades que apagarán sus luces no esenciales este sábado. Y como buenos mexicanos que somos habrá música y eventos culturales en el Zócalo para celebrar esta Hora del Planeta.


Con una pequeña acción, responsabilizándote de tu metro cuadrado, haces la diferencia para obtener una posible mejor existencia en el Planeta. Apaguemos la luz una hora este sábado.


Encuentra más información aquí.


A continuación muestro un par de videos del sábado 28 de marzo del 2009 en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México. Los tomé con el celular.


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miércoles, 18 de marzo de 2009

Conversaciones

Hoy me sentí solo cuando iba manejando en el segundo piso del Periférico. Necesité hablar con alguien y tomé mi celular; decidí que quería conversar conmigo. Marqué mi número de teléfono, pero en vez de sonar ocupado nadie contestó…

miércoles, 11 de marzo de 2009

Ernesto Sabato, yo y la resistencia a los eventos en el Sistema de Transporte Colectivo Metro

“Al ser humano se le están cerrando los sentidos, cada vez requiere más intensidad, como los sordos.” Apenas terminaba de leer esta frase cuando, al grito de “10 pesos le vale, 10 pesos le cuesta”, entra un vendedor de CD’s piratas al vagón del metro en el que viajaba. Él, empieza a manipular el lector de discos compactos, sube el volumen a una cantidad de decibeles que impide que se escuche el sonido legítimo del metro. Empieza el medley setentero de baladas que casi todos traemos instalado en el subconsciente por haberlas escuchado hasta el soponcio en nuestra infancia.


Me aturde; no sé que fue lo que me golpeó más: si la voz del vendedor -mercadológicamente trabajada para hacer llegar su mensaje al target en desplazamiento-, la cantidad de decibeles que puede alcanzar una bocina no mayor a 20 cm de diámetro con un twitter o el regreso en chinga y a huevo a la infancia vía Sandro de América.


El trayecto entre estación y estación se vuelve eterno y desquiciante, no puedo leer, no hay lugar para dónde voltear y evadir el sonido; sólo queda hacer un acto mayor de concentración para acceder a mi lugar feliz donde esas cosas no suceden: intento ir a Suecia. Llegamos por fin a la siguiente estación y, como no se sube otro vendedor, éste persiste en seguir vendiendo y ahora trata de instigarnos a la compra por medio de Angélica María.


Me carga la chin… ¿por qué a mí Dios, por qué? Yo sólo quería leer un poco, ¿qué es lo que estoy pagando, Señor, por qué me has abandonado? Dios, te pido que me des fuerza y valor. Estuve a dos segundos de soltar las lágrimas, pero por obra divina el trayecto fue veloz y el individuo, al no tener ventas, cesó en su intento de que le compráramos el disco del recuerdo.


Respiro aliviado y continúo mi lectura de La Resistencia, de Ernesto Sabato. “Me pregunto si la gente se da cuenta del daño que le hace el ruido, o es que se los ha convencido de lo avanzado que es hablar a los gritos.” ...leía y asentía. No puede ser de otra manera, seguro debe de haber una secta que haga eso -vaya, como los de “Pare de Sufrir”, nada más que sin acento brasileño-, pero debe ser algo masivo y subliminal que ya está instalado y funcionando.


Sigo leyendo: “Las experiencias con animales han demostrado que el alto volumen les daña la memoria primero, luego los enloquece y finalmente los mata.” ¿Por qué venía enojado? ¡Coño, carajo, qué era lo que me traía enojado! ¡Me lleva la chinita! Reacciono y mejor ya no le sigo…


Es entonces, cuando en mi mente, de nuevo, empiezo a despotricar en contra de todos esos agentes que tienen por misión la destrucción de los seres humanos que viajan en el Sistema de Transporte Colectivo de la Ciudad de México. Me surgen ideas acerca de la Teoría de la Conspiración y de la forma de como el Gobierno Federal quiere hacer una “limpia” de capitalinos, en vez de descentralizar empresas, industrias y Secretarías de Estado.


¡No mames! ¡Pinches Nazis Fascistas del averno! Hasta miedo me dio pensar en eso; lo que me tranquilizó fue reflexionar que, a pesar de que el Gobierno Federal sí es Fascista y todo lo demás, al final del día son panistas y no creo que lleguen a tener tales destellos de brillantez y profundidad para hacer algo así; además, su incompetencia -más que bien avalada-, nos tiene seguros. Así que la conspiración no puede venir de ahí.


Seguía absorto en estos pensamientos cuando se abre de nuevo la puerta y otro vendedor de CD’s entra promocionando a los “Virus”. Confieso que me rompió el esquema e hizo que me preguntara quiénes eran esos, ya que debían ser muy famosos para que estuvieran a la venta en este mercado de gusto más bien popular, aunque paradójicamente subterráneo.


Hago un silencio respetuoso en mi mente para escuchar quiénes eran esos que habían llegado a trascender tanto y yo ni cuenta me había dado. Suenan los primeros acordes y se escucha: “She loves you yeah, yeah, yeah.” Entonces el agente de destrucción, del mal y de ventas, empieza con su oscuro discurso seductor. “Se va a llevar la colección completa de los Virus en MP3 por 10 pesos”. Siento que flaqueo, que mis convicciones están puestas a prueba y que ese agente seductor está tentando mi esencia para corromperla; ese hombre parecía líder sindical intentando agremiarme mediante los mecanismos más bajos. Volteo al cielo, digamos mejor al techo del Metro, y digo: Jesús yo sé que el demonio te tentó en el desierto y no flaqueaste, dime de manera desapasionada (esto lo menciono así, Señor, por aquel incidente que hubo con Los Beatles cuando se estaban disputando el rating de los parroquianos y ellos se promulgaron más famosos que tú), ¿qué hago yo? De pronto escucho en mi mente una voz divina que no dijo cosas divinas: “Ándele güey por andar de hocicón.” Ni hablar, -suspiré- vino la enseñanza de humildad sin quebrantar mi determinación. No compré la colección completa de los Beatles por diez pesos y terminé de leer: “El hombre se está acostumbrando a aceptar pasivamente una constante intrusión sensorial.”


P.D. Si hay un lector compasivo que haya visto esta resistencia como un acto heroico y me quisiera premiar, acepto la colección completa de los Beatles en un CD grabado en MP3. Por su amabilidad y comprensión, gracias.


P.D.2 Pinche Selección Mexicana de Futbol pitera.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Sobre alergias

El ser humano es alérgico a sí mismo.